viernes, 16 de noviembre de 2012
LA ISLA DE JAMES BOND EN SKYFALL
miércoles, 18 de agosto de 2010
CHAPWANI, UNA ISLA PRIVADA EN ZANZIBAR
nombre es Chapwani.
Un entorno natural para aquellos en busca de una huida romántica y relax absoluto en un paraíso virgen; Chapwani ofrece un lugar aparte, donde el tiempo se suspende, olvidando horarios, rutinas y estrés. No encontrarán teléfonos o televisores en la habitación. Simplemente disfrutarán escuchando los sonidos de la naturaleza en la paz de este escenario tropical.
UBICACIÓN
Chapwani es una isla privada de 5 hectáreas situada al nor-oeste de la Ciudad de Piedra de Zanzíbar (Stone Town) , a la que se llega tras un relajado trayecto de 25 minutos en barca.
Chapwani es un pequeño paraíso privado, donde la flexibilidad y el ambiente amigable creado por el equipo de trabajo y dirección crean una atmósfera inmejorable para una estancia inolvidable.
Para desplazarse a la ciudad, los clientes pueden utilizar el servicio gratuito de la isla – existe un barco que parte de la isla cada mañana a las 10.00 hacia la ciudad y que vuelve a las 13.30. Si los clientes prefieren tener más autonomía con respecto a los horarios para ir y volver de la ciudad, Chapwani puede organizar el transporte cuando los clientes los necesitan, por un pequeño coste extra.
Chapwani ofrece la posibilidad de mostrar a sus clientes la realidad del Zanzíbar auténtico, donde el mar y la tierra se unen en una combinación única de colores y aromas. Tanto si están bañándose en el mar, o en un banco de arena, en la playa, perdiéndose por las laberínticas calles de la hechizante Ciudad de Piedra (Stone Town) o inmersos en las plantaciones de especias, los clientes podrán disfrutar de las maravillas sin fin de esta tierra que se deja descubrir con delicadeza y fascinación por cada visitante.
Chapwani tiene a disposición de los clientes un barco local típico, para que puedan salir a descubrir las maravillas submarinas, los bancos de arena y sus colonias de aves y las pequeñas islas cercanas a Chapwani, como la Isla Prisión, con su colonia de tortugas gigantes Aldabra procedentes de las islas Seychelles.
Pasar un día fantástico con los pescadores locales raramente decepciona, pues ofrece la oportunidad de pescar con ellos utilizando sus sencillas técnicas utilizando un hilo de pesca con anzuelo y su cebo, que les ha funcionado con éxito a lo largo de los siglos.
El snorkel es una experiencia similar a entrar en otro mundo: la barrera de coral, una maravilla natural que debe preservarse, forma un eco-sistema que puede ser explorado con la sola ayuda de una máscara, aletas y tubo, que pueden ser facilitadas en Chapwani sin coste adicional.
El mundo submarino se encuentra al alcance de todos, ya sean expertos o principiantes. Las especies marinas únicas, los vivos colores de la barrera coralina y el silencio total de las profundidades forman parte de las fascinantes atracciones de los lugares de inmersión en Zanzíbar.
Para los más expertos, Chapwani ofrece a coste adicional inmersiones operadas por escuelas de buceo locales debidamente registradas y con servicios profesionales.
ALOJAMIENTO E INSTALACIONES
El único alojamiento existente en Chapwani contiene habitaciones que evocan el estilo elegante y aún así informal Zanzibarí: techos altos con vigas de madera, ventiladores de techo y materiales de vivos colores.
Las 10 habitaciones se encuentran dispuestas en 5 bandas o chalets orientados al mar; cada una dispone de una cama con dosel y mosquitera, y una terraza privada con vistas al mar.
El restaurante ofrece un entorno acogedor de amplias vistas al mar, situado en el centro del resort, y está construido a la manera tradicional y con elementos locales, Madera y tejados de paja o makuti en ki-swahili.
Las especialidades culinarias se basan en pescado, a partir de una serie de recetas sobre la base de la pesca fresca del día, con una propuesta de mezcla de sabores y aromas, lasespecias que han hecho famoso a este archipiélago: la isla de las especias. Una cocina que refleja el amor y el respeto del equipo humano de Chapwani por este lugar; un equipo de cocina que combina lo mejor de la experiencia local e internacional (por parte del chef italiano de la isla). En ocasiones especiales, las comidas pueden también personalizarse y servirse de manera exclusiva al borde de la piscina o en la terraza de los bungalows, donde el paisaje y los sabores combinan de manera armónica para hacer del momento una experiencia inolvidable.
La zona del bar está situada en un área adyacente al restaurante, y se divide en distintos ambientes y rincones, estratégicamente ubicados y amueblado con cómodos sofás con cojines de vivos colores donde los clientes del hotel pueden relajarse aún más.
Al caer el sol, las linternas de keroseno crean un mágico ambiente con su juego de luces y sombras. El agua de la piscina proviene del océano con el fin de no alterar el eco-sistema de la isla.
Situada en una arboleda de palmeras con magníficas vistas al mar, la piscina ofrece la posibilidad de nadar durante la baja marea y de relajarse y disfrutar de la brisa marina.
Será un merecido y relajante descanso.
miércoles, 20 de mayo de 2009
EXPERIENCIAS DE SPAS EN BALI


1. Hanging Garden Hotel
El nombre dice mucho de este lugar. Las villas del Hanging Garden parecen colgadas sobre el río, como desafiando las leyes de la gravedad. Se trata de unas acogedoras cabañas que se suben por encima de los árboles, de piscinas que se proyectan en el infinito. Todo ello rodeado de la agradable población local, que no duda en mostrar al turista los ritmos cotidianos de la gente que vive aquí. Las 38 lujosas villas con las que cuenta el resort gozan de espectaculares vistas a las montañas tropicales de la zona, así como al río Ayung. Todo un lujo para los sentidos.
El Mandara Spa del Alila Hotel, antes conocido como The Chedi, es uno de los secretos del éxito de este refugio balinés. Dispone de un jardín cuajado de palmeras y una piscina cuadrada de piedra negra desde la que se contempla un escenario de lianas, árboles, aves y cascadas. Todo tan armonioso como caótico. En un entorno natural tan brutal, el hombre necesita suavizar los elementos. Muebles de teka, toallas de inmaculado algodón blanco y un servicio atento pero discreto son sólo alguno de los detalles que encontramos en este lugar mágico. Orden, concierto, simetría para la isla de la paz.
Las leyendas siempre dejan un falso fondo para la realidad. La energía de nuestras creencias son también parte de nuestro viaje. Con fama de poseer poderes curativos, este Spa está rodeado de aguas termales utilizadas en ceremonias religiosas. Ya sea parte de leyenda o verdad, lo que sí es cierto es que la sola visión de la vegetación que lo circunda, el sonido del agua y la tradición medicinal milenaria de Asia consiguen verdaderos milagros. Flores, velas, suaves melodías y manos expertas para una experiencia rejuvenecedora en un entorno lleno de romanticismo.
Pasan los años y el lugar mantiene la magia del primer día. En el hotel The Balé en Nusa Dua, la luz, el agua y los cuidados parecen fluir desde la parte alta del complejo hasta su entrada. Pocos lugares de Bali saben adaptarse a los gustos contemporáneos como sus famosos Pavillions, con un diseño innovador y minimalista, pero pintado con los pequeños elementos indonesios.
Su exclusivo spa y su playa privada de arena blanca hacen del hotel un destino para privilegiados. En el spa, el yoga y la filosofía zen son la base de unos tratamientos donde los cuerpos se entregan a los aderezos de sales y aceites, según las recetas más antiguas de la isla.
Después de su reciente remodelación, el Jimbaran Puri ha recuperado mucho de su antiguo esplendor. Un hotel perfecto para los amantes de la playa, para los que gustan de cenar en un chiringuito con los pies sobre la arena, para los que buscan una piscina que anima a nadar en cada amanecer, para los que necesitan un bar con buena música, para los que pueden leer horas y horas sin mirar al reloj, para los que quieren sentir los olores y sonidos de un templo en cada ceremonia...
Hay más. Para los que pueden jugar con los niños en la playa al atardecer, para los disfrutan al comprar pescados para que se lo preparen a la plancha sobre unas brasas a pie de playa, para los que gustan disfrutar de la tarde sin dinero, para los que sonríen a un pescador mientras repara su red, para los que se animan a echar la caña mientras el sol enciende todas las casas con su luz. Para todos estos se creó un lugar mítico como el Jimbaran Puri Bali.
En este sitio no hay opciones para las falsificaciones. La llegada es como un anticipo. La recepción tiene una atmósfera de lugar sagrado, un templo con placeres en bandeja. A veces, y ésta es una de ellas, la marca está a la altura del lugar. El hotel Bulgari en Bali es como las piezas de la misma marca: exclusivo, lujoso y al alcance de refinados sibaritas. Se ubica en una gran fractura entre el cielo y el mar. Las montañas y el océano hacen guardia en un acantilado donde se encajan 59 villas y un edificio central.
Todo orquestado como una gran escenografía, donde el cliente se siente protagonista. Sedas y algodones para las camas, maderas nobles en suelos, volcánicas, mármoles y bambú para las estructuras. Cada villa tiene su piscina y un pequeño templete de madera desde el que contemplar la puesta de sol y escuchar el ruido del gamelán. Sin embargo, la estrella del lugar es su nuevo spa, donde nuestro cuerpo se abandona hasta grados insospechados. La virtud y el pecado están separados por una línea muy fina.
Hay lugares que parecen diseñados para impactar. ¡Prohibida la sencillez! La proporción no está en contra de la espectacularidad. Así se puede entender mejor la importancia de este hotel y su entorno. Desde los jardines del Resort Amanusa, junto al club de golf de Bali, se puede contemplar el volcán del Monte Agung mientras se disfruta de uno de los más de 100 tratamientos de su spa.
Déjese tocar, descubra cómo los aceites son absorbidos por la piel y cómo ls cargas se evaporan. Sea un hombre nuevo al salir de la zona de masajes. Posiblemente, el hotel cuenta con los mejores especialistas de reiki y un experto en reflexología acude al resort una vez a la semana. Además, se dice que aquí también se ofrecen los mejores tratamientos faciales de Bali.
Días de trekking en la jungla, calor y sudor, esfuerzo para lograr un objetivo. Al final, simplemente el ser uno de los elegidos para poder llegar hasta aquí, ya merece la pena. Amandari significa Espíritus Pacíficos y, fiel a este nombre tan sugerente, nos encontramos en un spa envuelto de paz y armonía donde el único ruido que podemos oír proviene de los pájaros y las corrientes de agua.
Mármoles de Java, bambú que se mece con la brisa, celosías para la intimidad, orquídeas, tumbonas con vistas a un lago salpicado de flores de loto... El corazón hinduista de los balineses en íntima fusión con los mejores tratamientos de belleza y salud. Aquí, la tradición nos ayuda a entender a los clásicos.
domingo, 22 de marzo de 2009
¿POSESIONES ESPAÑOLAS EN MICRONESIA ?
A buen seguro, su esquela pasaría desapercibida entre las otras muchas que se publicaron en el diario madrileño ABC aquel mes de marzo de 1957. A fin de cuentas, poco podía ser lo que la diferenciase de las demás: un finado tras recibir los Santos Sacramentos, una familia que lloraba su perdida, una hora para el funeral y una lista de cargos y honores que, conociendo el caché que se gastan aún hoy los protagonistas de las necrológicas del antedicho rotativo –de Almirantes de la Mar Oceana no bajan algunos-, habían por fuerza de ser muy poca cosa. No gran cosa, en resumen… a excepción de una línea, una simple línea, que si no mucho relumbrón, sí le daba a la esquela un toque exótico difícilmente superable: “promotor de la tesis de los territorios de soberanía española en Oceanía o la España de Micronesia”. Ahí es nada.
Y es que aunque la vida de don Emilio Pastor y Santos, sin ser monótona y aburrida –prestó el servicio militar en la Armada, llegándose a ver envuelto en alguna que otra acción de guerra- tampoco es que fuera de esas que dan para una biografía, parece cosa de brujas comprobar lo mucho que se ha escrito y aún se escribe –bien es cierto que de forma esporádica, aunque constante- de él. O más que del personaje, de su obra, de su legado. Tal vez esto último porque es muy poco lo que de nuestro protagonista sabemos.
Poco más que el dato de que era hijo de familia marinera, natural de Bilbao, licenciado en Filosofía y Letras y profesor diplomado por el “Instituto de Cultura Religiosa Superior”, institución adscrita a la Acción Católica y en la que entonces impartía clases el vizcaíno Zacarías de Vizcarra, padre del termino “hispanismo” y autentico paladín del “agitprop” católico de aquellos años –su postura enfrentada al comunismo desde la prudencia más que desde la visceralidad propia de la época, le valieron estas palabras del PCE en 1956: “En los artículos publicados por Monseñor Zacarías de Vizcarra en «Ecclesia» […] hay un tono conciliante, civil, al hablar del Partido Comunista, que contrasta con los llamamientos a nuestro exterminio físico hechos por otros católicos en otros períodos”-. Todo un personaje que bien merecería un huequecito en este blog un día de estos. A su lado, don Emilio, nos ha llegado como un personaje gris, poco más que un ratón de biblioteca.
Y sin embargo, la lío parda el hombre. En su momento llegando a protagonizar un Consejo de Ministros de los de “el Caudillo”, y no más porque el horno no estaba para bollos de esa clase, y todavía hoy, aún sin habérselo propuesto ni remotamente, calentado las cabezas de más de un ensoñador. Y es que si Cristóbal Colón descubrió todo un continente, este señor –eran años más duros, de cartilla de racionamiento y economía cuartelaría- descubrió, o mejor dicho, redescubrió, una ínfima porción de nuestro extraviado, que no perdido, imperio colonial. Ínfima, sí, pero porción a fin de cuentas.
EL "VERDADERO" FINAL DEL IMPERIO ESPAÑOL
Si bien cuando hablamos del final del imperio español todos nos acordamos de la guerra de Cuba y del posterior tratado de Paris, es decir, del año 1898, lo cierto es que el autentico final del imperio ultramarino español se produjo al año siguiente, y esto si no contamos que todavía se continuó ocupando Fernado Poo, Río de Oro o el Rif, poca cosa sí, pero no olvidemos que la del Rif fue una de las guerras coloniales más largas y costosas en vidas y materiales de la historia, sino la mayor como opina Stanley G. Payne. Pero bueno, volvamos al “desastre del 98”.
Lo cierto es que de las muchas posesiones españolas del océano Pacífico, infinidad de islas descubiertas por los Legazpi, Grijalva, Salazar o Saavedra allá por el siglo XVI, y que salvo contadas excepciones no habían sido holladas posteriormente por español alguno, a los EEUU tan solo se le cedió por el tratado de París las islas Filipinas y la isla de Guam, y encima en el caso concreto de las Filipinas no todas las islas que les correspondía por derecho, como luego veremos.
Así pues, también el año de 1899 amaneció en territorio español por nuestras antípodas como venía ocurriendo desde los tiempos del rey Felipe II, puesto que si bien Filipinas y Guam ya no eran españolas, sí lo eran los archipiélagos de las Carolinas y las Marianas. ¿Pero qué diablos se podía hacer con aquellas islas casi despobladas, pobres a más no poder, y sin un solo centro administrativo cercano desde el que controlarlas y explotarlas toda cuenta que Manila o Guam ahora pertenecía a otra nación?. Y eso sin contar con que en Cavite se había hundido una parte la flota del Pacífico mientras el resto era entregada tras la derrota a la armada yanqui que emplearía esos barcos para, entre otras cosas, patrullar el Yang Tsé –si recordáis la película “El Yang Tsé en llamas”, el barco de Steve McQueen era uno de aquellos barcos españoles de Filipinas-.
Solo le faltaba a la clase política española enfrentarse a un nuevo desastre del 98 a cuenta de unas islas desperdigadas, indefendibles e improductivas. Y no andaban muy perdidos en el augurio, pues si bien en 1914 tan solo pasarían de manos alemanas a japonesas, durante la Segunda Guerra Mundial, en estas islas se libraron algunas de las batallas más salvajes de la historia. La solución fue venderlas al mejor postor, y como era de esperar, el mejor postor fue la joven y vigorosa Alemania del II Reich.
Y es que Alemania llevaba años tras estas islas. De hecho, tan solo un laudo favorable a España dictado en 1885 por el Papa León XIII, a la sazón nombrado árbitro del conflicto, había devuelto las aguas a su cauce tras el intento alemán por apropiarse de las islas por las bravas tras enviar a éstas un buque de guerra. En Alemania no es que estuvieran locos, las islas eran tan yermas para ellos como para cualquier otra potencia, pero veían en ellas una plataforma perfecta para su armada, la segunda del mundo, algo de lo que España carecía y no estaba por la labor de construir.
Así pues, tras garantizarse por escrito que tanto las órdenes religiosas españolas como los pocos colonos patrios que pudiese haber serían tratados como si de alemanes se tratase, la reina regente Maria Cristina firmó en nombre de su hijo la venta de dichas islas a los alemanes por un montante de 25 millones de pesetas de la época –para que os hagáis una idea, la entonces reciente guerra de Cuba había costado a las arcas españolas una cantidad cercana a los 3.000 millones de pesetas, según “The Economist”-.
“Real decreto autorizando al Ministro de Estado para presentar á las Cortes un proyecto de ley concediendo autorización al Gobierno para ceder á Alemania las islas Carolinas, las Palaos y las Marianas, excepto Guam.
En nombre de Mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino; de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros;
Vengo en autorizar al Ministro de Estado para presentar á las Cortes un proyecto de ley concediendo autorización á mí Gobierno para ceder a Alemania las islas Carolinas, las Palaos y Islas Marianas, excepto Guam.
Dado en Palacio á doce de Junio de mil ochocientos noventa y nueve.
MARIA CRISTINA
El ministro de Estado, Francisco Silvela.”
Esta vez sí, se pensó entonces, terminaba el imperio colonial español. Y de hecho así fue… hasta que apareció nuestro don Emilio Pastor y Santos.
LA MICRONESIA ESPAÑOLA
Así pues, 1900 tampoco se libró, como los años que le habían precedido desde el siglo XVI, de amanecer por nuestras antípodas –reconoceréis, pese al abusivo empleo que he hecho de esta imagen, que tiene un lirismo que se las trae-, aunque esta vez sí, fue el último año que lo consiguió, ya que en cuanto los EEUU se dieron cuenta del error, obligaron inmediatamente a España a firmar un nuevo legajo que formalizase la entrega de estas dos islas ya solo españolas de forma nominal.
Así pues, cuando Pastor y Santos consultó la obra del portugués Antonio Galvão, gobernador del s.XVII que levantó en su “Tratado dos Descobrimentos” una relación de las islas descubiertas hasta ese momento, se topó con un total de cuatro islas dispersas holladas por Hernando de Grijalva en 1537 que ni pertenecían al grupo de las Marianas ni tampoco al de las Carolinas, y que por tanto, pensó, tampoco habían sido transferidas en modo alguno al Imperio Alemán. ¿Y si la historia se hubiese repetido de nuevo?. ¿Y si estas islas hubiesen quedado “fuera” del tratado de 1899?.
El primer problema al que se enfrentó nuestro estudioso fue el de la localización de dichas islas. Del siglo XVII a su época había pasado mucho tiempo y los nombres que daba el portugués de esas islas no figuraban por ninguna parte, ni en portugués como las citaba el autor del libro -Os-Guedes, O-Cea, As-Coroas e Islas Os Pescadores- ni tampoco en su versión castellana - Guedes, Corcas, O Cea y Pescadores-. Y luego quedaba el asunto de “ubicarlas” en todo caso bien lejos de las Carolinas y las Marianas para que su teoría no se viniese abajo.
Tal vez os pueda parecer una chapuza de hipótesis, y no es para menos. La “tesis de los territorios de soberanía española en Oceanía” no tenía ni pies ni cabeza, se basaba en un viejo libro, en unas islas tan solo presumiblemente identificables, y todo esto contraviniendo un acuerdo entre dos naciones que había permanecido casi medio siglo sin recibir objeción alguna y cogiendo con alfileres la letra de un tratado que dejaba bien claro el deseo español de librarse de todas y cada una de las islas del Pacífico.
Más no solo eso, además, y esta vez sí, ateniéndose al tratado de 1899, Pastor y Santos también recomendó al gobierno español que pidiese la concesión de tres estaciones navales en Saipan, Corredor y Yap, pues efectivamente el acuerdo hispano-alemán contemplaba ese particular, aunque dicha cláusula no hubiese sido hecha efectiva por ningún gobernante español durante cincuenta años.
Aún así, y por increíble que resulte, el asunto llegó a interesar al gobierno, que lo trató en consejo de ministros el 12 de enero de 1949 sin llegar a ninguna otra decisión que la de aparcarlo “mientras no se aclare el asunto”, pues en su opinión procedía “esperar antes de efectuar gestión alguna con los Estados Unidos o con las potencias amigas que forman parte de la ONU, ya que España no tiene contactos con la ONU y sería ésta la que habría de resolver sobre la suerte definitiva de esas islas de Micronesia que pertenecieron al Japón”, es decir, la potencia que se las había arrebatado a Alemania tras la Gran Guerra. Esto es, que aunque en opinión del gobierno los derechos “subsistían”, no era el momento de “abordar la cuestión”.
Tampoco era la primera vez que al gobierno de Franco le daba por el Pacífico, ya en 1940 dos miembros de una misión económica española que había viajado a Japón afirmaban que existía la posibilidad de instalar una industria de perlas cultivadas en la isla de Clipperton, francesa entonces y antes mexicana, española en consecuencia solo según ellos, lo que no viene sino a demostrar más que nada que a aquellos miembros de los primeros consejos de Franco, sobre todo a Carrero Blanco, lo que les interesaba era “reconstruir” el imperio ya fuera en el Pacifico o en la costa del Algarve.
Prueba de todo esto es que, aún aparcado el asunto, todavía permitieron en 1950 la publicación de todas estas teorías y otras aún más histriónicas en un libro que editó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas titulado "Territorios de Soberanía Española en Oceanía", donde el autor no solo afirmaba el derecho de España sobre dichas islas sino también a establecer “factorías” o “estaciones navales” en Haifa, Orán, Sierra Leona, Eritrea, Vietnam y otras islas de Micronesia al margen de las "españolas" además de en la "Australia del Espíritu Santo" -actual Vanuatu-, una "estación ballenera" en la Antártica y la anexión efectiva de islas como Aruba. Eso junto con la reclamación de Guam y el norte de Borneo para la República de Filipinas.
Por fortuna, aunque este libro se haya convertido con los años en una auténtica pieza de colección, ninguna de sus otras peticiones ha cuajado tanto entre el público como la de la reclamación de aquellas islas de Micronesia. Reclamación que si en 1949 ofrecía dudas al gobierno, no presentaba ni el más mínimo atisbo de sensatez a los asesores jurídicos del ministerio de Asuntos Exteriores, que dejaron bien claro por esas mismas fechas que si estas islas “han sido afectadas por el régimen de fideicomiso, el derecho español queda destruido por la existencia de una nueva estructuración político-territorial de interés general”, como efectivamente así había ocurrido.
En resumen, por mucho que esta reclamación fuese tratada en consejo de ministros y por mucho que luego diese para un libro, ya nació muerta en 1949. Para puntilla de todo esto, el 3 de noviembre de 1986, fecha del vencimiento del fideicomiso de Micronesia, las Naciones Unidas, anularon cualquier reivindicación de soberanía anterior, decisión que contó con el más absoluto beneplácito español, lo que sin duda termina por “cerrar” el caso.
Aún así escribo cerrar entrecomillado, porque aún hoy son muchos los que sostienen que en el Pacífico hay una serie de islas que pertenecen a España todavía, lo cuál, aunque suene a novela de aventuras, no es más que eso: una novela.
Escrito por Yuste en DESDEMIPULPITO.BLOGSPOT.COM
jueves, 18 de diciembre de 2008
ARTE ACÚATICO EN GRANADA
Quiero empezar aclarando que esta entrada no va dedicada a la " Muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad de Granada", esa ciudad andaluza, a la joya del reino nazarí que albergó el mayor legado de la España musulmana.
Me refiero a lo que en inglés conocen como la isla de Grenada, una pequeña isla caribeña que en 1983 fue invadida por las fuerzas militares de los Estados Unidos y de otras seis naciones del Caribe dentro de una campaña militar llamada Operación Furia Urgente cuya finalidad fue derrocar a su dirigente izquierdista Maurice Bishop, muy próximo a las tesis cubanas. Las tropas capturaron rápidamente a los líderes de la revolución y a sus consejeros cubanos, muchos de los cuales estaban trabajando en la construcción de un gran aeropuerto para la isla que fue completado por los Estados Unidos algunos años más tarde. Sin embargo muchos aseguran que la invasión de Estados Unidos fue con fines meramente comerciales ya que el aeropuerto que estaba proyectado en granada iba a competir con el de Miami en cuanto a pasajeros y turismo por lo que era necesaria la destrucción del mismo. Al año siguiente se celebraron elecciones. Una de las preocupaciones tácticas conocidas de los Estados Unidos era la recuperación con vida de los estadounidenses matriculados en la Universidad de St. George's.
Sin embargo, la finalidad de esta entrada es mostraros una pequeña atracción que guardan las aguas de esta isla, y es la obra de una escultor inglés, Jason de Caires Taylor, cuyas obras se exhiben a 30 metros de profundidad y pretender mostrar los delicados ecológicos mientras se exploran las intrincadas relaciones entre el arte moderno y el medio ambiente. A mi me da cierta grima ver alguna de las esculturas, pero los caminos del arte son realmente intrincados.



lunes, 8 de septiembre de 2008
THULE, LA ISLA SOÑADA POR PITEAS
Piteas nació en el siglo IV en Massalia (Marsella), que entonces era la colonia griega más próspera del Mediterráneo occidental. Sin embargo, Piteas tenía más del valiente Ulises de Ítaca que de mercader heleno. Se propuso cruzar los límites del mundo conocido y llegar hasta el lugar de donde procedían el estaño y el ámbar, el preciado mineral y la resina fósil que los griegos compraban a intermediarios. Pero no le animaba la riqueza, sino el descubrimiento científico. Hacia el año 340 a.c fletó su propio navío y viajó por donde ningún otro griego lo había hecho antes.miércoles, 27 de agosto de 2008
EL ROBINSON QUE ERA PERIODISTA
Hoy tiene 83 años y sigue haciendo la vida de Robinson Crusoe que eligió hace casi cuatro décadas."¿Arrepentirme?", se pregunta. "¡Qué va! Hoy, volvería a hacer lo mismo. Soy afortunado. La mayoría de gente sueña con retirarse a una isla solitaria y yo he podido hacerlo", afirma en la terraza de su casa, desde la que se ve una panorámica soberbia del Parque Nacional Marino de Santa Ana. "Mire esto, es un lujo. Aquí viene gente de todo el mundo para disfrutar unos días de este paraíso y yo vivo en él".Pero le debió costar. Grimshaw había trabajado en el East African Standard, diario de Nairobi, y por entonces editaba dos periódicos en Tanzania y era corresponsal de la agencia Reuters. A sus 37 años era un hombre agasajado por políticos y diplomáticos. "Cada día tenía una cena o un cóctel", admite.Ahora, lleva media vida levantándose temprano. "Antes trasnochaba y hoy madrugo, pero Dios sabe que hice bien. No se me había pasado por la cabeza, pero vine de vacaciones y me quedé hechizado", recalca. Lo primero que hace es dar de comer a las 105 tortugas gigantes, todas con nombre inglés, francés o criollo. Y también a los 3.000 pájaros de 250 especies que anidan en la isla. Coge una carretilla cargada de arroz y va dejando un reguero de granos por el sendero que rodea la isla, que le lleva 40 minutos recorrer. Después coloca carteles con el nombre botánico en los árboles más singulares."Hay más de 16.000 árboles y la inmensa mayoría los hemos plantado mi amigo René --apodado el Viernes-- y yo. Cuando llegué no había nada.
Los buscadores de tesoros lo habían arrasado todo", dice. Él mismo anduvo obsesionado con encontrar el oro y las joyas que el pirata Olivier Lauasseur, la Buse, enterró supuestamente en la isla, antes de que Francia lo colgara.Durante 30 años hizo hoyos de seis metros de profundidad, y nada. Él y su amigo René --un nativo-- llegaron a usar dinamita, según confiesa. Al final lo dejaron, desilusionados y exhaustos: "Era un ingenuo. Me pasé 30 años buscando el tesoro, hasta que me di cuenta de que el verdadero tesoro era mi isla". Lo tuvo claro el día que llegó un jeque árabe en un yate y le ofreció 40 millones de euros por la Moyenne. "¿Cuánto cree que tardé en responderle?", pregunta. Y él mismo se responde: "Un segundo, je, je, je...".
"Ya sé --prosigue--, ya sé lo que me va a decir: que es mucho dinero. Lo sé. Soy viejo, pero no estúpido. Podría viajar por todo el mundo y no tendría tiempo de gastarme ese dinero. Pero es demasiado tarde y además, ¿dónde voy a encontrar un lugar más bonito en el mundo?" Llegados a este punto se pone trascendental. "Ya tengo mi tumba preparada", dice. Se trata de un panteón situado junto a las tumbas de dos piratas, rodeadas de árboles de mangos y cocoteros.Esas tumbas son las únicas construcciones de la isla. El resto --la capilla, la casa museo y la vivienda del experiodista-- son prefabricadas de madera. Grimshaw lo ha dispuesto todo para que siga siendo así por los siglos de los siglos.
El dueño de la Moyenne acaricia su yorkshire antes de revelar su última batalla. "Una fundación velará para mantener intacta la isla. Las Seychelles están en peligro porque ha llegado la fiebre constructora. Levantan hoteles en todas las islas, pero aquí no será así. No he trabajado de sol a sol todos los días para que ahora llegue un rico y se cargue este paraíso". Chapeau, mister Brendon Grimshaw.
martes, 26 de agosto de 2008
"ME VOY A LAS QUIRIMBAS"
Pruebe a decirle a un amigo: "me voy a las Quirimbas". Probablemente no le tome en serio. El nombre suena a lugar ficticio de novela de aventuras. Sin embargo, las islas Quirimbas existen. Están frente a la costa del norte de Mozambique, en el Índico y son 36 islitas de blanca arena, rodeadas de aguas transparentes, que se han convertido en uno de los escondites más buscados por turistas ricos y viajeros solitarios, que buscan rincones exclusivos, a los que realmente no llegue nadie... O mejor, casi nadie.
En las Quirimbas se está a salvo de cualquier tipo de masificación. No es fácil llegar hasta este paraíso recién descubierto para el turismo internacional, pero el esfuerzo merece la pena. Las Quirimbas se están poniendo de moda, pero ¿hay algo que ver o que hacer en las Quirimbas?.La respuesta está, sobre todo, en su tentador y sugerente paisaje: islas exclusivas con playas blancas, palmeras y fondos de coral; un parque nacional marítimo que protege al inofensivo tiburón ballena, varias especies de tortugas, delfines y el insólito dugong.
Y si esto parece poco, contamos con alguna isla de gran interés histórico y cultural, como la Isla de Ibo, con sus antiguas fortalezas y su mezcla de influencias portuguesa, africana y árabe. Incluso los más sofisticados pueden optar por un 'resorts-boutique' para esconderse. En particular, el lujoso complejo de Matemo, con 24 chalets de lo más exclusivo, que es la mejor propuesta para conocer las Quirimbas.
Para disfrutar de las Quirimbas, primero hay que entender y disfrutar Mozambique, un país del sureste africano que fue colonia portuguesa hasta 1975 y que hoy despierta lentamente al turismo. La costa norte del país no figuraba en ningún plan de desarrollo, pero la demanda ha generado la oferta.
Todo el desarrollo viajero nació en la costa del continente. Pemba, sigue siendo un referente para el comercio de la zona y guarda en su puerto parte de su glorioso pasado comercial. Es la ciudad más importante de esta zona norte del país que, a pesar de su larga historia como importante ciudad comercial de la costa swahili, apenas pasa de ser un pueblo grande rodeado de palmeras, con calles de tierra y mucha gente ociosa a las puertas de sus casas de madera.
Un poco más al norte, frente a la costa, las islas Quirimbas salpican las verdeazuladas aguas del Índico. Posiblemente, el modo más sugerente de llegar hasta Quissanga. Carreteras polvorientas, vendedores improvisados de plátanos y un tráfico imposible de bicicletas. Todo el sabor del África más auténtica.
La otra opción son las avionetas privadas, que le llevan a Matemo, que se ha convertido en la más turística de estas islas desde que el millonario árabe Adel Aujan inauguró en 2005 un selecto 'resort' de sólo 24 villas de lujo, que ha cambiado la vida de los escasos 1.000 habitantes que habitaban este remoto islote. Adel Aujan es propietario también de otros cinco 'resorts' en sitios estratégicamente seleccionados de Mozambique. Es árabe y reside en Dubai, pero ha hecho de este país africano uno de sus objetivos de expansión creando la cadena Rani Resorts.
Su religión y su cultura de origen se deja ver en la forma de media luna que forman las villas sobre la fina y blanca arena, y en la decoración, con arcos de medio punto, celosías de madera, lámparas marroquíes. Los empleados visten de blanco, con babuchas y sombrero rojo. Todo correcto, agradable y con sabor. Los más suspicaces hablan de un 'ramaje de Zanzíbar' para el siglo XXI.
Todo el lujo aquí está basado en la sencillez, sin que falte ni un sólo detalle: techos y suelos de madera, grandes camas con dosel, baños con jacuzzi, duchas al sol, hamacas de algodón y sobre todo, un servicio amable y sonriente. Ninguno de los empleados del hotel sabía nada de hostelería hasta hace un par de años. Eran sencillos pescadores que no hablaban ni una palabra de inglés y no manejaban ningún tipo de dinero. Tampoco habían visto a un blanco antes de que el 'resort' cambiara sus vidas. Ahora reciben clases de inglés y de cómo atender a sus ilustres huéspedes, que van desde millonarios europeos, hasta políticos o famosos en busca de un lugar discreto para sus vacaciones.
En Matemo la vida tiene dos secuencias: por la noche, los huéspedes se visten de un modo elegante y el aire huele a perfume francés. Por el día, descansan al sol o se apuntan a las propuestas del hotel. La más popular es la visita a la zona del parque Nacional marino Quirimbas, con 11 islas coralinas que se extienden en un área de cien kilómetros. Se puede hacer esnorquelling, windsurf, kayak o pesca a bordo de un velero de superlujo.
Cerca del 'resort' hay enormes barracudas, marlín, caballa, atún y cinco especies de 'pejerrey'. Otra opción es irse con los pescadores nativos, que navegan en sus precarias pero resistentes embarcaciones, las daos (con vela) o las kangaias (tipo canoa).
Otra opción es visitar la capital de la isla, Namba, donde viven unas 800 personas. Los nativos de Matemo hablan mwani, la lengua de la zona costera del norte del país, similar al swahili. Por todos lados se ven niños, que todavía se asombran de ver pasar a los 'blancos' y se ríen al ver sus fotos en las cámaras digitales. Muchos van con las caras pintadas con una pintura blanca, el musiro, un producto de belleza natural para tener la piel suave. Se obtiene de una corteza y se mezcla con piedra y agua. Para las niñas, es obligatorio usarlo antes del casamiento.
Pero Matemo no es la única isla de las Quirimbas. En la isla privada de Medjumbe, el mismo grupo Rani tiene otro complejo de lodges de lujo, a los que también hay que llegar en avioneta privada desde Pemba. Más pequeña aún que Matemo, tiene la misma estampa idílica de aguas transparentes y arenas blancas impolutas.Pero la más histórica de las Quirimbas es, sin duda, la isla de Ibo. Antes de la llegada de los portugueses, la isla ya era un lugar de cruce de culturas e influencias de África, el Islam y la India. En 1761 la corona portuguesa fundó la villa de Ibo, que fue puerto principal y capital del gobierno provincial entre 1764 y 1929.
Gracias a su importancia comercial, cultural y administrativa, la isla guarda hoy un importante conjunto de edificaciones desde el siglo XV, entre las que destacan sus tres fortalezas, una bella iglesia católica y numerosos almacenes antiguos frente al mar. Ibo tiene también una larga tradición ligada a piratas, tráfico de marfil y de esclavos. Hoy Ibo vive en gran parte del turismo y mantiene tradiciones artesanales muy ligadas a la influencia árabe, como la joyería en plata.
Otra buena opción puede ser Quilalea, un lugar perfecto para olvidadarse del mundo. Nueve cabañas muy bien decoradas con embarcadero propio y perfecto para los aficionados al buceo. Incluso algún empresario español apuesta por un nuevo turismo con un pequeño hotel en la isla de Tambuzi. Un lugar para los que saben soñar en el día a día...
jueves, 21 de agosto de 2008
RINCONES POLINÉSICOS

Es en esta isla de Savai'i dónde encontramos en su estado más puro las tradiciones samoanas, como la del 'fale' o vivienda tradicional, sin paredes y con un techo hecho de hojas de palma que se apoya directamente sobre postes de madera. O como la costumbre de ir todos a la iglesia cada domingo, vestidos de blanco inmaculado para pasar luego el día en familia y descansando.
Regreso al Paraíso, un lugar idílico de arena rodeada por un bosque de palmeras que se inclinan hacia el agua. Aquí fue dónde Gary Cooper rodó en 1951 la famosa película del mismo nombre. Un lugar de cine dónde la vida fluye entre la tranquilidad y el no hacer nada...


