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martes, 26 de agosto de 2008

"ME VOY A LAS QUIRIMBAS"

Pruebe a decirle a un amigo: "me voy a las Quirimbas". Probablemente no le tome en serio. El nombre suena a lugar ficticio de novela de aventuras. Sin embargo, las islas Quirimbas existen. Están frente a la costa del norte de Mozambique, en el Índico y son 36 islitas de blanca arena, rodeadas de aguas transparentes, que se han convertido en uno de los escondites más buscados por turistas ricos y viajeros solitarios, que buscan rincones exclusivos, a los que realmente no llegue nadie... O mejor, casi nadie.

En las Quirimbas se está a salvo de cualquier tipo de masificación. No es fácil llegar hasta este paraíso recién descubierto para el turismo internacional, pero el esfuerzo merece la pena. Las Quirimbas se están poniendo de moda, pero ¿hay algo que ver o que hacer en las Quirimbas?.
La respuesta está, sobre todo, en su tentador y sugerente paisaje: islas exclusivas con playas blancas, palmeras y fondos de coral; un parque nacional marítimo que protege al inofensivo tiburón ballena, varias especies de tortugas, delfines y el insólito dugong.

Y si esto parece poco, contamos con alguna isla de gran interés histórico y cultural, como la Isla de Ibo, con sus antiguas fortalezas y su mezcla de influencias portuguesa, africana y árabe. Incluso los más sofisticados pueden optar por un 'resorts-boutique' para esconderse. En particular, el lujoso complejo de Matemo, con 24 chalets de lo más exclusivo, que es la mejor propuesta para conocer las Quirimbas.

Para disfrutar de las Quirimbas, primero hay que entender y disfrutar Mozambique, un país del sureste africano que fue colonia portuguesa hasta 1975 y que hoy despierta lentamente al turismo. La costa norte del país no figuraba en ningún plan de desarrollo, pero la demanda ha generado la oferta.

Todo el desarrollo viajero nació en la costa del continente. Pemba, sigue siendo un referente para el comercio de la zona y guarda en su puerto parte de su glorioso pasado comercial. Es la ciudad más importante de esta zona norte del país que, a pesar de su larga historia como importante ciudad comercial de la costa swahili, apenas pasa de ser un pueblo grande rodeado de palmeras, con calles de tierra y mucha gente ociosa a las puertas de sus casas de madera.
Un poco más al norte, frente a la costa, las islas Quirimbas salpican las verdeazuladas aguas del Índico. Posiblemente, el modo más sugerente de llegar hasta Quissanga. Carreteras polvorientas, vendedores improvisados de plátanos y un tráfico imposible de bicicletas. Todo el sabor del África más auténtica.

La otra opción son las avionetas privadas, que le llevan a Matemo, que se ha convertido en la más turística de estas islas desde que el millonario árabe Adel Aujan inauguró en 2005 un selecto 'resort' de sólo 24 villas de lujo, que ha cambiado la vida de los escasos 1.000 habitantes que habitaban este remoto islote. Adel Aujan es propietario también de otros cinco 'resorts' en sitios estratégicamente seleccionados de Mozambique. Es árabe y reside en Dubai, pero ha hecho de este país africano uno de sus objetivos de expansión creando la cadena Rani Resorts.


Su religión y su cultura de origen se deja ver en la forma de media luna que forman las villas sobre la fina y blanca arena, y en la decoración, con arcos de medio punto, celosías de madera, lámparas marroquíes. Los empleados visten de blanco, con babuchas y sombrero rojo. Todo correcto, agradable y con sabor. Los más suspicaces hablan de un 'ramaje de Zanzíbar' para el siglo XXI.

Todo el lujo aquí está basado en la sencillez, sin que falte ni un sólo detalle: techos y suelos de madera, grandes camas con dosel, baños con jacuzzi, duchas al sol, hamacas de algodón y sobre todo, un servicio amable y sonriente. Ninguno de los empleados del hotel sabía nada de hostelería hasta hace un par de años. Eran sencillos pescadores que no hablaban ni una palabra de inglés y no manejaban ningún tipo de dinero. Tampoco habían visto a un blanco antes de que el 'resort' cambiara sus vidas. Ahora reciben clases de inglés y de cómo atender a sus ilustres huéspedes, que van desde millonarios europeos, hasta políticos o famosos en busca de un lugar discreto para sus vacaciones.

En Matemo la vida tiene dos secuencias: por la noche, los huéspedes se visten de un modo elegante y el aire huele a perfume francés. Por el día, descansan al sol o se apuntan a las propuestas del hotel. La más popular es la visita a la zona del parque Nacional marino Quirimbas, con 11 islas coralinas que se extienden en un área de cien kilómetros. Se puede hacer esnorquelling, windsurf, kayak o pesca a bordo de un velero de superlujo.

Cerca del 'resort' hay enormes barracudas, marlín, caballa, atún y cinco especies de 'pejerrey'. Otra opción es irse con los pescadores nativos, que navegan en sus precarias pero resistentes embarcaciones, las daos (con vela) o las kangaias (tipo canoa).

Otra opción es visitar la capital de la isla, Namba, donde viven unas 800 personas. Los nativos de Matemo hablan mwani, la lengua de la zona costera del norte del país, similar al swahili. Por todos lados se ven niños, que todavía se asombran de ver pasar a los 'blancos' y se ríen al ver sus fotos en las cámaras digitales. Muchos van con las caras pintadas con una pintura blanca, el musiro, un producto de belleza natural para tener la piel suave. Se obtiene de una corteza y se mezcla con piedra y agua. Para las niñas, es obligatorio usarlo antes del casamiento.


Pero Matemo no es la única isla de las Quirimbas. En la isla privada de Medjumbe, el mismo grupo Rani tiene otro complejo de lodges de lujo, a los que también hay que llegar en avioneta privada desde Pemba. Más pequeña aún que Matemo, tiene la misma estampa idílica de aguas transparentes y arenas blancas impolutas.

Pero la más histórica de las Quirimbas es, sin duda, la isla de Ibo. Antes de la llegada de los portugueses, la isla ya era un lugar de cruce de culturas e influencias de África, el Islam y la India. En 1761 la corona portuguesa fundó la villa de Ibo, que fue puerto principal y capital del gobierno provincial entre 1764 y 1929.

Gracias a su importancia comercial, cultural y administrativa, la isla guarda hoy un importante conjunto de edificaciones desde el siglo XV, entre las que destacan sus tres fortalezas, una bella iglesia católica y numerosos almacenes antiguos frente al mar. Ibo tiene también una larga tradición ligada a piratas, tráfico de marfil y de esclavos. Hoy Ibo vive en gran parte del turismo y mantiene tradiciones artesanales muy ligadas a la influencia árabe, como la joyería en plata.
Otra buena opción puede ser Quilalea, un lugar perfecto para olvidadarse del mundo. Nueve cabañas muy bien decoradas con embarcadero propio y perfecto para los aficionados al buceo. Incluso algún empresario español apuesta por un nuevo turismo con un pequeño hotel en la isla de Tambuzi. Un lugar para los que saben soñar en el día a día...

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