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miércoles, 7 de octubre de 2015

PETRA, LA PERLA NABATEA

Quizá las palabras del famoso poema de Dean Burgon:

"hazme igual a la maravilla celosamente guardada por el sol del este, una ciudad rosada tan antigua como el tiempo..."  consigan reflejar algo de la belleza que emite y transmite Petra.
Las palabras apenas alcanzan a ejercer justicia. Algunos arqueólogos han clasificado a Petra como la octava maravilla del mundo y cuesta no pensar así cuando uno camina por su entorno. 
Petra es única en todos los aspectos, tiene algo que ofrecer a historiadores, antropólogos, arqueólogos, geólogos, arquitectos, naturalistas y turistas con intención de tener una foto, todos ellos acuden regularmente a Petra para realizar sus estudios y entrar en contacto con la perla de los Nabateos. No hace falta ser especialista en la materia para apreciar esta joya porque, una dentro, pronto se sentirá abrumado y querrá saber el cómo, el por qué y el dónde sobre el lugar.

Los Nabateos, uno de los pueblos con más talento de la historia, eran antiguas tribus árabes procedentes de la Península arábiga que llegaron y se asentaron al sur de lo que hoy es Jordania hace ya más de 2200 años. 
Antes de su llegada, vivieron durante un considerable periodo de tiempo en el noroeste de Arabia, una zona estrategicamente situada en las antiguas rutas comerciales arábigas que unían China y la India con las ciudades y puertos de las costas mediterráneas.
En el noroeste de Arabia, los nabateos alcanzaron un cierto grado de sedentarización y se vieron expuestos a la influencia de las principales culturas extranjeras, debido al hecho que se dedicaban al negocio de las caravanas. Esta actividad creció con el tiempo, a medida que se extendía su área de influencia hacia el sur de Jordania y Haruan. 
Acabaron convertiéndose en los indiscutibles amos de las rutas comerciales de la región, con aplicación de peajes y protegiendo a las caravanas cargadas con incienso y mirra, especies y sedas indias, marfil y pieles de animales africanos.
Los beneficios obtenidos con el negocio de las caravanas les permitió establecer y organizar un poderoso reinado que se extendía hasta Damasco e incluía partes de los desiertos del Sinaí y Negev, gobernando con eficacia la mayor parte de Arabia. No fue una tarea fácil si consideramos que la región estaba bajo dominación de las facciones griegas rivales, los hasmoneos y posteriormente los romanos.
Lucharon en encarnizadas guerras y recurrieron a astucias diplomáticas para conservar su independencia y civilización, pero el todo poderoso imperio Romano no estaba dispuesto a tolerar un reino nativo fuerte, y lo inevitable acabó sucediendo, en el año 106 d.C, cuando el reino nabateo fue anexado al Imperio Romano.
Pero aún así, Petra y la civilización nabatea siguieron floreciendo y prosperando durante muchos años más, hasta que sus factores de riqueza empezaron a mermar debido a varios factores, como la sustitución de las rutas comerciales por el transporte en barco y la menor demanda de incienso a medida que la Cristiandad iba sustituyendo las religiones paganas. Finalmente, los gloriosos logros nabateos y la maravillosa ciudad de Petra se convirtieron en ruinas.

Los nabateos eran gente inteligente y práctica, nunca creyeron en la exclusividad nacional, estaban abiertos a las influencias de culturas externas, las absorbían y les añadían su propio toque autóctono. El resultado final de esta interacción fue una maravillosa mezcla cultural.
Un pequeño paseo por Petra da testimonio de ello, si contemplamos cualquiera de los monumentos excavados en la piedra podremos distinguir  estilos propios del arte clásico (grecorromano), egipcio, mesopotámico y local fusionados en cada obra de arte.
Petra rebosa influencias de las culturas extranjeras y locales, la ciudad palpitaba de vida, recorrida por calles pavimentadas y terrazas agrícolas, sistemas de canalización del agua, obras de arte y templos, sin olvidar los teatros.

No obstante, tras alcanzar su punto culminante en la historia, Petra fue abandonada gradualmente y después del siglo XIV se perdió completamente en el oeste, hasta que el viajero suizo Johann Ludwig Burckhards la redescubrió en el año 1812.

Hoy en día, a 3 horas de coche de Amman, por una recta carretera llena de un bastante imperfecto asfalto, llena de baches, sin carriles dibujados y con conductores un poco alocados llegamos a esta perla que es Petra. La entrada cuesta 50 JD (unos 60 EUR) y podemos optar por contratar un guía en español a la entrada. No olviden llevar calzado cómodo (transitarán por caminos de tierra, con piedras, arena), agua, una gorra o sombrero para la cabeza que nos proteja del potente sol que casi todo el año quema sin arrepentimiento, aún en invierno, donde por cierto, las temperaturas bajan de 0 e incluso podemos encontrar nieve con asiduidad.
Les recordamos asimismo, que cualquier basura (botellas, colillas, papeles, etc) la guarden con ustedes o la lanzen dentro de alguna de las papeleras que existen en el entorno. 
Una vez dentro, un mínimo de 4-5 horas es necesario para contemplar las joyas de Petra, eso es el Tesoro, que aparece casi de repente muy cerca de la entrada al complejo, después de bajar por una impresionante garganta, estrecha y profunda de 1200 metros de longitud y de una abrumadora belleza natural, con acantilados de hasta 80 metros de altura, coloridas rocas y nichos votivos excavados en la roca. El Tesoro, inmortalizado por la película Indiana Jones aparece de repente, el orgullo y la alegría de Petra, el monumento casi con toda seguridad más bello y desde luego más fotografíado de Petra.

En el resto del recorrido, veremos casi sin querer el resto de bellezas de Petra, como el Teatro, las tumbas reales, la calle columnada y el Monasterio, situado arriba de una colina a la que se accede después de haber subido unos 800 escalones (según la guía, pero creo que son bastantes menos).

Muchos de los visitantes se alojan en Amman y organizan la visita dentro del día, pero sepan que allí mismo en la actual Petra pueden encontrar alojamiento, algunos casi a la entrada del recinto y otros en la proximidad, incluso existe uno dentro del propio recinto, en la entrada. Es recomendable reservar con gran antelación.











entrada al Tesoro


EL TESORO - AL KHAZNEH















El Monasterio

El Monasterio

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