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viernes, 28 de noviembre de 2008

KARAKALPAKSTAN, LAS TRADICIONES DEL REMOTO UZBEKISTAN

En el sector occidental de Uzbekistán se halla KARAKALPAKSTAN, la república autónoma que concentra al grueso de los karakalpakos. Su capital es Nukus, una moderna ciudad de estilo soviético, con amplias avenidas e importantes edificios públicos, entre los que se encuentra el Museo Karakalpako, que recoge artesanía, vestidos, joyas y obras de arte de este pueblo.

Fue en 1740 cuando el militar ruso Dmitry Gladsyshev hizo el primer estudio de una tribu situada en la ribera del rio Syr Darya, uno de los afluentes del mar de Aral. Se trataba de la menor de las etnias de Asia Central, las de los karakalpakos, una inhóspita zona rodeada de desiertos. Formados como confederación de tribus independientes a finales del siglo XV, su mayor referente fueron los kazajos, bajo cuyo poder estuvieron durante tres siglos.

Su nombre, de origen desconocido, significa "sombreros negros" y a él responden mas de medio millón de personas distribuidos principalmente en territorio uzbeco, aunque persisten pequeños grupos en Kazajistán y Afganistán.

El idioma pertenece a las familas túrquicas. A principios del siglo XX empezó a escribirse con carácteres árabes, pasó luego al cirílico con la Unión Soviética y, tras el hundimiento de ésta, se pasó al alfabeto latino.

De religión musulmana sunita, hoy casi nadie acude a las escasas mezquitas, aunque sí perviven viejas creencias pre-islámicas, como los amuletos contra el mal de ojo.

Al contrario que el resto de etnias de Asia Central, desde sus orígenes fueron sedentarios. Establecían sus poblados en las cuencas de los ríos o los lagos. Pescadores, agricultores, dependían de las vacas y de los  bueyes, no de los caballos. Sin embargo, las yurtas, asociadas a las culturas nómadas, eran su alojamiento preferido. Era práctico, pues su lugar de residencia estaba condicionado por los cambios en los arenosos cauces de los ríos.

Sus poblados estaban rodeados de una fortificación de adobe con objeto de defenderse de los constantes saqueos llevados a cabo por las tribus circundantes, y estaban habitados por miembros de un único clan, entre el que se practicaba la exogamia; una mujer no podía casarse con un hombre de su mismo clan y debía abandonar el pueblo para ir a vivir al del marido, cosa que solía hacer unos años después de la boda. Ésta era acordada por la familia y siempre conllevaba una dote y un ajuar. En el núcleo familiar, la mujer se ocupaba de las tareas domésticas, así como de criar a sus hijos, preparar el ajuar y tejer alfombras, telas, vestidos y adornos tradicionales.

Sin embargo, la forzada colectivización soviética eliminó casi por completo sus formas de vida ancestrales; las casas de adobe en ciudades pasaron a reemplazar las yurtas, las mujeres se incorporaron al trabajo en el campo y la fabricación de artesanía y ropa tradicional fue dejada de lado. El desastre ecológico del Mar de Aral, casi seco, sólo ha hecho que agravar los problemas; la pesca, los cultivos y la ganadería han sido abandonados y a día de hoy, sus tradiciones están casi perdidas. Como grupo, se hallan practicamente asimilados a la sociedad y cultura uzbeca.

Publicado en Lonely Planet Magazine por Pablo Strubell

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