jueves, 25 de septiembre de 2008

AZOTEAS CERVECERAS EN JAPÓN

Entre junio y septiembre, en los grandes edificios de la región de Kansai (Osaka, Kioto, Kobe, Nara) proliferan los llamados beer garden, terrazas instaladas en las azoteas donde, por un precio fijo, se puede pasar un atardecer bebiendo y comiendo a placer. Algunos parques también sirven de escenarios para el consumo incontrolado del zumo de malta. En el centro de Osaka el paisaje que se ve desde la mayoría de jardines cerveceros consiste en edificios y más edificios hasta donde alcanza la vista. En Kioto, en cambio, se pueden ver el río Kamo, las montañas del este de la ciudad o, desde alguno de los hoteles que están justo delante, la muralla iluminada de Nijo-jo, el palacio del Shogun.


Pero la mayoría de los japoneses no van a los beer garden a ver el paisaje sino a comer, beber y ver béisbol en compañía de sus amigos. Como el verano coincide con el punto álgido de la temporada del deporte más popular de Japón, la tarde se remata muchos días en estos lugares viendo en una gran pantalla a los lanzadores y bateadores del equipo favorito de la región, los Hanshin Tigers. A diferencia del fútbol, en que se juega una o dos veces por semana, el béisbol se juega casi cada día, los partidos pueden durar más de tres horas y hay numerosas pausas, ideales para levantarse e ir a la barra a rellenar la jarra y el plato.

Los lectores que no hayan estado en el extremo oriente en verano tal vez se están imaginando la escena mecida por una suave brisa refrescante. La realidad es que, salvo algunos días de tregua, en casi todo el este de Asia el verano es sofocante tanto a ras de suelo como en los áticos. En Honshu, la isla principal de Japón, a las precipitaciones acumuladas durante el tsuyu, el mes de las lluvias que da paso al verano, se añaden repetidos frentes de aire cálido que llegan del océano y que hacen que la humedad atmosférica sea muchos días y muchas noches de más de un 90%.

Estas condiciones meteorológicas hacen que a menudo los beer garden de Kansai parezcan saunas al aire libre, especialmente los que sirven carne que el cliente asa en las planchas instaladas en cada mesa. En el resto hay aparadores surtidos con comida muy variada, como frutas, verduras, pollo frito, empanadillas chinas, bolas de pasta con pulpo (takoyaki), yakisoba y otros platos que en Japón se consideran buen acompañamiento para la cerveza. El precio suele estar alrededor de los 3.500 yenes (unos 20 euros) y están abiertos entre las seis y las diez.

Aunque en los beer garden también se sirven cócteles y bebidas no alcohólicas, la cerveza es la reina de las azoteas. No en vano, la mayoría de estas terrazas están gestionadas directamente por las principales cerveras niponas, Asahi, Kirin y Sapporo, que se disputan aquí parte del liderzago nacional de ventas. Los japoneses, a pesar de ser los más bebedores de Asia, no destacan en la liga cervera mundial, donde se sitúan en una posición intermedia con sus aproximadamente 50 litros anuales por habitante, lejos de los más de 80 de España o de los 150 del líder, la República Checa. Con todo, la cerveza es la bebida alcoholica más consumida en Japón, mucho más que el tradicional sake, que no ha dejado de languidecer en los últimos 60 años y ya está por debajo de los 10 litros per capita.
Escrito por Jordi Juste en MORIAWASE (blog de Japón en ELPERIODICO)

martes, 16 de septiembre de 2008

LA INDIA MÁS ERÓTICA

Tal vez les quedó algo de pudor y por ello escogieron el lugar más remoto, recóndito e inaudito para levantar sus templos. Y fue, precisamente, su ubicación la que permitió que los mandires de la dinastía chandela pervivieran en el tiempo, y con ellos un sinfín de deidades, las que cubren sus fachadas, prácticamente desnudas, gozando con tanta naturalidad como descaro.

Y es que los templos de Khajuraho, a los que muchos llaman del amor cuando quieren decir sexo, no sólo son un capítulo indispensable en la historia india, fusión insuperable de la arquitectura y de la escultura más sublime, sino que son un sorprendente Kamasutra pétreo, en el que sus frescos representan todo tipo de posturas eróticas, en pareja, en grupo... e incluso con animales, los cuales también se dejan llevar por ese liberalismo que los rodea.

Aparentemente similares, puesto que siguen en su exterior un patrón común -frisos superpuestos que, conformando torres, culminan en una aguja- , el conjunto de templos de Khajuraho es de una riqueza insuperable. Ante la minuciosidad de sus fachadas se congregan estupefactos turistas, en su mayoría locales, que admiran la prodigiosidad de sus ancentros, tan opuesta a sus recatados principios morales de la actualidad.

Y es que lo más admirable de estos templos donde triunfa la unión de lo más divino y lo más humano, más allá de «ese baile de coitos», como dijo Alberto Moravia, e incluso más allá de la naturalidad con la que los esculpieron, es que pudieran subsistir al paso del tiempo. Fruto de una dinastía que reinó durante cinco siglos, los chandelas sucumbieron al poderío mogol, el imperio que dominó la India desde el siglo XVI al XIX.

Y si los chandelas desaparecieron no fue ese el sino de sus idolatrados templos, erigidos en tan sólo cien años (entre 950 y 1050), que esquivaron los designios de Alá. Fue su emplazamiento, donde sólo había calor, polvo y selva, el que burló al destino y el que pone de manifiesto la grandeza de sus creadores, capaces de movilizar a un ejército de artesanos, obreros y escultores.

Con sus deidades hindúes en el interior, hoy los templos de Khajuraho perviven para deleite no sólo de sus esculturas, si bien se desconoce cuál era su próposito. Hay quien habla de que esos frisos sexuales eran la manera de aleccionar a los jóvenes brahmanes en las artes amatorias... Para otros, fue el capricho de un rey que los mandó erigir en honor de su madre, fecundada por un dios mientras se bañaba en un lago.

Para otros son una enseñanza universal: la manera de alcanzar el nirvana, o la unión del cielo y la tierra, de lo humano y lo divino... O bien la plasmación de la famosa obra de Vatsyayana, ese Kama Sutra del que muchos en la India alardean, pero que no han leído o no lo han entendido. Fueran lo que fueren, hoy estos templos profanos son patrimonio de la Humanidad, por su intrincada belleza y por representar naturalmente a la humanidad entera.

Pero fuera del recinto erótico-sagrado la otra vida sigue, allí se presenta la India real. Esa India monótona, verde, de saris que brillan mientras las mujeres que los llevan se matan trabajando en el campo, de niños y más niños con sus ojos enmarcados en khol, de vacas, gallos y perros. Es la India que vive superados los tópicos, donde las castas no son una anecdota sino una fuente. Porque no todos pueden beber la misma agua. Es también una India en la que el curioso es bienvenido en las casas, cuyas puertas minúsculas obligan a agacharse para honrar así a quien se visita y a uno mismo.
Escrito por Maria Fluxá en ocholeguas.

lunes, 8 de septiembre de 2008

THULE, LA ISLA SOÑADA POR PITEAS

Cuestionado por muchos historiadores, en el año 350 a.c. Piteas demostró la existencia de tierras habitadas al norte de las islas británicas y que el mar se helaba más arriba.

Piteas nació en el siglo IV en Massalia (Marsella), que entonces era la colonia griega más próspera del Mediterráneo occidental. Sin embargo, Piteas tenía más del valiente Ulises de Ítaca que de mercader heleno. Se propuso cruzar los límites del mundo conocido y llegar hasta el lugar de donde procedían el estaño y el ámbar, el preciado mineral y la resina fósil que los griegos compraban a intermediarios. Pero no le animaba la riqueza, sino el descubrimiento científico. Hacia el año 340 a.c fletó su propio navío y viajó por donde ningún otro griego lo había hecho antes.

Recorrió el litoral de Iberia y Celtia, cruzó el canal de la Mancha y pasó a las islas británicas, a las que llamó Prettanike. Comerció estaño con sus gentes y ellas le hablaron de Thule.

Piteas quiso ver aquella tierra con sus propios ojos y, tras circunavegar Prettanike puso proa al norte y llegó hasta Thule, la última de las tierras habitadas, según él. En sus notas, explica que los pobladores carecían de cultivos y se alimetaban de mijo, hierbas, frutos silvestres, raíces y leche, y fabricaban una bebida con trigo y miel. En Thule, continúa, "pasan cosas maravillosas que suenan a imposible: en el solsticio de verano, el día dura siempre y la noche no existe, las leyes de la naturaleza dejan de funcionar, el mar y la tierra se mezclan y se confunden, blancas plumas llenan el aire"...

Los habitantes de Thule le dijeron: "Si todavía continúas remando otro día más con rumbo norte, econtrarás el mar sólido". También quiso ir a verlo: "Más allá no había ni mar, ni tierra, ni aire, sino una mezcla de todas esas cosas, como un gelatina marina", escribió. Entonces, dio media vuelta y regresó.
Durante la época en que Alejandro Magno alcanzaba las montañas del Pamir y la India, Piteas ampliaba el orbe conocido por el mundo clásico hasta casi el Círculo Polar Ártico. Además de viajero y navegante, fue un buen astrónomo y un gran observador; fue el primero que calculó la latitud de Massalia; explicó las mareas y su relación con las fases de la luna; que la estrella Polar no ocupa exactamente el Polo Norte o eje del glob; y aplicó las progresiones aritméticas de la astronomía babilonia en su cálculos. Sus conocimientos fueron fundamentales para muchos geógrafos y astrónomos posteriores. Por tanto, hay motivos para darle crédito cuando emplaza Thule a 66º norte, muy cerca de la zona glacial, correspondiendo con la latitud de Islandia.

Piteas explica que la isla está a seis días de navegación desde el norte de Britania, un hecho que también coincide con la realidad de la isla de hielo. No obstante, muchos historiadores opinan que no llegó tan lejos y que su Thule podrían ser las islas Shetland, las Feroe o incluso la costa noruega frente a Bergen.

A finales de la Edad Media, los vikingos esparcieron noticias de Islandia, los pescadores vascos, irlandeses e ingleses fueron en busca de bacalao, y marinos y cartógrafos llegaron a la conclusión de que Thule era Islandia. Cristobal Colón, buscando como Piteas, los extremos del mundo, parece ser que navegó hasta ella en pos de inspiración y noticias para su posterior aventura.

Ya en el siglo XX, el nombre volvió a los mapas; el explorador Knud Rsamussen fundó una factoría en Uamanak, la región más septentrional habitada de Groenlandia, a la que llamó Thule en un arrebato poético. Jean Malaure hizo famosos a sus inuit en "los últimos reyes de Thule". El año 1951, los daneses permitieron a los estadounidenses levantar una base nuclear secreta, y los inuit de Thule fueron trasladados a Qaanaaq, 140 km al norte, donde no hallaron osos, ni focas, ni peces. Tras decenios de reclamaciones, han demandado a Dinamarca ante el Tribunal Europeo de Justicia en Estrasburgo.

Con información de Jaume Bartroli en Altair

miércoles, 3 de septiembre de 2008

EL DESIERTO DANAKIL EN ETIOPIA

El desierto de Danakil, situado dentro de la depresión de Afar, en Etiopía, es uno de los puntos más calientes del planeta con temperaturas diurnas que superan la media de 40 grados centígrados. Pero ésto no es todo. La zona, situada a unos 60 metros por debajo del nivel del mar, está salpicada de un paisaje casi inverosímil: la región del volcán Dallol posee numerosos manatiales ardientes de colores en una gama inimaginable, que va de los anaranjados, al verde, blanco o amarillo, a causa del azufre y otros minerales.

Las increíbles formaciones de sulfuro, sal y azufre que brotan de las entrañas de la tierra , generan un panorama que podríamos imaginar con más facilidad en otro planeta. Pequeños piletones de agua verde, hornitos que brotan de la tierra, y una atmósfera que recrea una versión africana del infierno. El desierto de Danakil está situado al norte de la región oriental de Etiopía y al sur de Eritrea. Es de hecho una de las regiones más inhóspitas del planeta: una gigantesca llanura salpicada de mares de sal y algunos volcanos activos. Las altas temperaturas combinadas con el escaso régimen de lluvias generan una superficie capaz de competir con los desiertos más extremos. Algunos puntos de la árida región pueden situarse hasta 150 metros por debajo del nivel del mar.

Llegar al desierto de Danakil no es tarea fácil. Partiendo desde el norte de Etiopía, hay que atravesar zonas deshabitadas, ríos secos, paisajes montañosos y escasa vegetación. Pero además, la región es sumamente riesgosa debido al accionar de grupos armados separatistas, por lo que las excursiones para arriesgados, se realizan custodiados por guías armados. Adentrarse en la depresión del desierto de Danakil, implica acceder a una zona no exenta de riesgos de todo tipo.La depresión, está habitada desde siempre por la etnia Afar, cuya principal actividad es la minería de sal. De hecho, las gigantescas caravanas de sal que cada día cruzan el desierto, son un espectáculo en si mismo.

Muchos aseguran que lo mejor es conocer la zona del desierto de Danakil por fotos, sobre todo debido a las acciones de comandos separatistas. Sin embargo no son pocos los que se atreven a adentrarse en una región capaz de sorprendernos con paisajes que quedarán grabados en nuestra retina. Las amenazas que asolan la región no son sólo humanas: la depresión, algún día lejano podría quedar sumergida por las aguas del vecino Mar Rojo, sobre todo si consideramos que existen más de 30 volcanes activos , y es una de las áreas tectónicas más activas de la Tierra.La depresión de Danakil alcanza 380metros debajo del nivel del mar, se conoce como las horquillas de hominids donde se han hecho multitud de descubrimientos fósiles.

En 1974 descubrieron a “Lucy” los viejos restos fósiles de un bípedo prehominido, el fósil femenino adulto mas famoso y antiguo hasta la fecha, los aparatos utilizados para medir la edad de referencia indicaban 3.2 millones de años.

En la depresión de Danakil se asienta el volcán de Dallol que se encuentra situado por debajo del nivel del mar y en su interior encontramos formaciones de sulfuro y sal mineral realmente preciosas y espectaculares. Cabe señalar que esta depresión es uno de los puntos mas calientes del planeta y los picos de temperatura pueden alcanzar los 60º .

Aunque Dallol y su entorno es una obra maestra de la naturaleza, lo cierto es que la situación política de Etiopía requiere precauciones adicionales. Hace un tiempo Gran bretaña envió un equipo que fue secuestrado por los rebeldes separatistas, finalmente fueron liberados después de los esfuerzos (por decir algo) de sus naciones de origen.

martes, 2 de septiembre de 2008

AIR FRANCE TE CONVIERTE EN SADHU

Los sadhus son esos santones errantes que recorren la India peregrinando a pie por los lugares sagrados hindúes. Normalmente, van desnudos (o casi) y apenas poseen más objetos que un cántaro de metal donde recogen las limosnas con que subsisten. Aunque muchos de los tipos que los turistas ven en lugares como Pushkar o Benarés son simples pedigüeños disfrazados, se calcula que hay entre cuatro y cinco millones de sadhus auténticos. Viven en cuevas, montañas, bosques, templos o en constante peregrinación de un sitio a otro.

Seguro que muchos de los turistas que vienen a la India, ya sean mochileros o sibaritas que vienen a sazonar sus vidas con una pizca de exotismo, han soñado con ser uno de esos santos errantes que más tarde se fotografiarán con el Ganges de fondo.

Bien, pues la compañía Air France ofrece la oportunidad de convertirse en un sadhu indio, incluso si uno no lo desea. Basta con viajar a Delhi vía Paris en el vuelo AF-148. Además del asiento asignado, el viajero acepta la posibilidad de que su equipaje llegue al día siguiente, o dos días después, o tal vez nunca y en algunos casos deteriorado y más ligero que a la salida: los robos son frecuentes.

El reducido tiempo de tránsito provoca que un alto porcentaje de los equipajes llegue a Delhi en el vuelo del día siguiente. Son tantas las maletas que llegan un día después que uno se pregunta si el avión en el que llegó no llevaría el equipaje de los que viajaron ayer, y así sucesivamente. De modo que si un buen día Air France suprime esta ruta, deberá fletar un vuelo extra al día siguiente para traer las maletas de los viajeros del último vuelo.

Programar un vuelo intercontinental con una hora escasa para cambiar de avión en un aeropuerto gigantesco como el Charles de Gaulle será la primera prueba a la que los dioses someterán al futuro sadhu para probar su fe. ¿De verdad querías viajar a la India? ¿Acaso buscabas paz, tranquilidad, tiempo para relajarte y meditar? Pues empezarás corriendo como un conejo por los pasillos de un aeropuerto abarrotado.

Como los programas que las agencias de viajes imponen a los grupos de turistas son tan apretados, es posible que a los dos días de llegar, el viajero se encuentre en Agra pero quede sin fotografiar el Taj Mahal. La cámara estará aún de camino en un vuelo posterior al suyo, y si los dioses están juguetones y quieren seguir con sus pruebas, es posible que la cámara y algunos regalos hayan desaparecido cuando le entreguen la maleta al dueño. El viajero está cada vez más cerca de convertirse en sadhu.

Protestar no vale de nada. La acidez provocada por el curry más virulento no será nada comparado con el fuego que encenderá en el estómago el gesto de indiferencia del personal del almacén de equipajes. A estas alturas, el sufrido viajero debería saber que su futuro para los próximos días consiste en vagar por la India con lo puesto, con dinero prestado y rezando a los esquivos dioses para que algún día aparezca su parte terrenal, o sea, su equipaje. En vano. Usted será un sadhu. Asúmalo.

Al abrazar su voto, muchos sadhus organizan su propio funeral, al que asisten como espectadores, y se declaran a sí mismos muertos incluso a efectos legales. Dejan de aparecer en todos los registros oficiales, queman su documentación y pasan a ser simplemente cuerpos errantes que esperan la liberación de lo material. Del mismo modo, los ilusionados viajeros que compran su billete a la India en Air France se ponen en manos del destino y es posible que lleguen al país de los sadhus sin maletas, o que las reciban, saqueadas, 48 horas después de haber aterrizado. Una manera un tanto brusca y desagradable de ser despojado de sus pertenencias materiales.